La nueva generación de probióticos vendrá de nuestras tripas

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5 julio, 2023

Los alimentos probióticos ya forman parte de la dieta de muchas personas. Entre ellos destacan los yogures, como el presentado en 2023 por el Conicet y la marca La Serenísima. También existen suplementos alimentarios e, incluso, algunos medicamentos probióticos. La mayoría contienen un microorganismo probiótico (bacteria o levadura) de efectos benéficos para la salud, como mejorar la digestión o reforzar el sistema inmunológico. Pero una nueva generación de probióticos se avecina y proviene de las tripas del cuerpo humano ¿de qué se trata?

Seguridad y ventajas de producción

Durante los últimos 30 años siempre se ha echado mano de los mismos microorganismos. Se trata de los géneros de bacterias Lactobacillus, Bifidobacterium y Bacillus, y las levaduras Saccharomyces. Esto se debe a su largo historial de uso seguro, ya que naturalmente están presentes en alimentos fermentados como yogures, quesos y cerveza, que se vienen consumiendo hace siglos.

“También hay factores tecnológicos como la relativa facilidad de crecimiento en medios de cultivo de laboratorio y fermentadores industriales a gran escala”, señala Melisa Puntillo y colegas en una revisión sobre el tema publicado en el Annual Review of Food Science and Technology de 2022.

Sin embargo, desde hace algunos años la inspiración proviene de los microorganismos que solo viven dentro del cuerpo humano. Se trata de una nueva generación de probióticos. “El futuro es recuperar bacterias del intestino humano, no tanto de la alimentación. Esto parece una idea fácil, pero no lo es”, asegura Francisco Guarner, médico especialista en patologías digestivas del Hospital Universitario Vall d’ Hebrón, de la Universidad de Barcelona (España).

La microbiota intestinal de cada persona se forma ya desde el periodo de gestación en el vientre de la madre. Estos microorganismos viven en simbiosis con todo el organismo. Cuentan con alimento y un hogar seguro, mientras que ayudan a digerir bien los alimentos, extraer nutrientes y mejorar las defensas de su anfitrión.

Son especies que estuvieron escondidas en las tripas de la humanidad por mucho tiempo y recién ahora comienzan a ser estudiadas por la ciencia.

Pero además de la falta de conocimiento, plantean otra dificultad: cultivar estos microorganismos y producirlos a escala industrial.

Akkermansia, el primer probiótico de nueva generación

Entre esta nueva generación de probióticos, el que picó en punta es Akkermansia muciniphila. En 2021, una cepa de esta bacteria, MucT, recibió la autorización para su venta en Europa. Es el primer probiótico aprobado que surgió de las tripas del cuerpo humano. Akkermansia es un residente abundante de un intestino sano, con niveles del 3 al 5 por ciento en la microbiota del colon.

Estudios en modelos animales y una prueba de concepto en humanos demostraron que su ausencia o una menor abundancia se relacionan con obesidad, diabetes, hígado graso, inflamación y una respuesta más pobre a las inmunoterapias contra el cáncer. The Akkermansia Company produce y comercializa un suplemento alimentario de MucT junto con Cromo y extracto de té verde. La empresa recomienda el producto para el control del peso y del azúcar en sangre.

Akkermansia vive en la superficie de la mucosa intestinal de las personas y se alimenta de aquella que ya está suelta en la parte superior. De esta forma, estimula la producción de nueva mucosa y ayuda a mantener saludables a las células epiteliales que se encuentran debajo de ella. Además, al degradar la mucosa, produce propianato, un ácido graso de cadena corta (AGCC) asociado a una mejor salud cardiovascular.

Otros probióticos de nuestras tripas

Hay otros habitantes de los intestinos del cuerpo humano que podrían transformarse en fármacos o suplementos alimentarios:

  • Bacteroides. Son bacterias bacilos anaerobios que tienen una importante actividad antiinflamatoria e inmunomoduladora. Son los colonizadores iniciales del intestino. Entre ellos, B. fragilis es productor de polisacárido A (PSA), una molécula que promueve la secreción de agentes antiinflamatorios por parte del huésped. Su presencia elimina los síntomas de patologías inflamatorias del intestino como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerativa.
  • Faecalibacterium prausnitzii. Es la bacteria más abundante en nuestras tripas (entre el 5% y el 15% de la microbiota) y un biomarcador de buena salud intestinal. Las personas obesas y quienes padecen de celiaquía presentan niveles más bajos de este microorganismo. Esta bacteria tiene una gran capacidad para producir butirato, otro ácido graso de cadena corta (AGCC). Este y otros de sus metabolitos mejoran la actividad antiinflamatoria e inmunomoduladora.
  • Prevotella copri. Las personas con mayores niveles de P. copri tienen una menor secreción de insulina y una mayor sensibilidad a ella. El exceso de insulina es un factor de riesgo para la obesidad y diabetes de tipo 2.

Desafíos de la nueva generación de probióticos

No obstante, esta nueva generación de probióticos aún tiene que superar varios problemas hasta llegar al mercado. Uno de ellos es poder producirlos a escala. Los probióticos actuales, como los Lactobacillus, son aeróbicos, esto es, necesitan oxígeno o al menos toleran su presencia.

Por el contrario, casi todas las bacterias de nuestro intestino, incluida Akkermansia, son anaerobios. El oxígeno las mata. Un problema para la industria, que están tratando de resolverlo con un pasteurizado del producto.

A su vez, a diferencia de los probióticos actuales -que surgieron a partir de alimentos fermentados con probada seguridad-, la nueva generación debe demostrar que son seguros para las personas. Guarner insiste en que recuperar bacterias de nuestro organismo parece una idea fácil, pero que no lo es. “Hay que garantizar que estas bacterias no tengan factores de virulencia y que no transmitan resistencia a antibióticos”, ejemplifica.

Incluso hay varios candidatos que ya tienen contraindicaciones. Bacteroides fragilis está asociado a infecciones en el peritoneo. Prevotella copri fue vinculada a la artritis reumatoidea, una enfermedad autoinmune.

Por Lucas Viano @LucasViano
REDACCIÓN PENSAR SALUD
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