Se suma evidencia sobre los efectos de la comida chatarra en la salud mental

efectos de la comida chatarra en la salud mental
1 septiembre, 2023

Desde hace años se sabe que los alimentos ultraprocesados aumentan el riesgo de padecer obesidad, diabetes tipo 2 y cáncer. Pero estudios recientes están sumando más evidencia sobre los efectos de la comida chatarra en la salud mental.

¿Pueden producir depresión?

Los alimentos ultraprocesados (AUP) son productos sometidos a múltiples procesos industriales y que contienen ingredientes artificiales y aditivos en grandes cantidades. Las hamburguesas congeladas, gaseosas, snack, nuggets de pollo, galletitas, barritas de cereales y postres lácteos pueden entrar dentro de este grupo de alimentos. Poseen grandes proporciones de azúcares, grasas y sodio, por lo que son acreedores de varios octógonos negros por la ley de etiquetado frontal.

Más allá de ser un factor de riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, lo que quizás sorprenda es que también pueden aumentar el riesgo de padecer depresión, ansiedad y deterioro cognitivo. Los científicos analizan diferentes hipótesis sobre por qué ocurre esto.

Deficiencias nutricionales que impactan en el cerebro

Hay un impacto obvio que tienen los alimentos ultraprocesados sobre nuestro cerebro. Muchas veces estos productos carecen de nutrientes esenciales para las funciones cerebrales y para regular nuestro estado de ánimo. Son los casos de las vitaminas B, ácidos grasos omega-3 y antioxidantes. Una dieta sustentada en su mayor parte en los alimentos ultraprocesados puede terminar generando una deficiencia de estos nutrientes.

A su vez, estos alimentos inducen a desarrollar patrones alimentario nocivos, como atracones y adicción a la comida. Son productos hiperpalatables y de rápida absorción por lo que no generan saciedad.

Más efectos en la salud mental producidos por la comida chatarra

Varios estudios sugieren que una dieta rica en alimentos ultraprocesados podría tener un impacto negativo en el estado de ánimo. En 2022, un grupo de investigadores de EE.UU. analizó la correlación entre dieta y estados emocionales en más de 10 mil personas adultas.

Encontraron que las personas con el nivel más alto de consumo de AUP mostraban una probabilidad significativamente mayor de informar depresión leve, más días de mala salud mental y más días de ansiedad al mes. Incluso esta correlación se mantuvo tras descartar otras variables que podrían explicar este aumento de problemas mentales.

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Por ejemplo, la posibilidad de sufrir depresión leve fue 1,8 veces más alta para aquellas personas cuya dieta está compuesta por un 60% o más de alimentos ultraprocesados. En EE.UU., justamente en el promedio de los habitantes el 60% de su dieta corresponde a estos productos. En Argentina, un estudio reciente encontró que en la dieta de los niños los ultraprocesados son el 35% de su dieta. El trabajo también encontró que a mayores cantidades de estos productos menos probabilidades había de que las personas informaran «cero» días de mala salud mental.

Esta correlación no es suficiente para hablar de causa-efecto. No obstante, los investigadores creen que el vínculo sería el siguiente: un consumo excesivo de azúcares y grasas poco saludables puede llevar a fluctuaciones en los niveles de azúcar en sangre, lo que a su vez puede influir en la energía y el equilibrio emocional.

Pero la ciencia no descarta el proceso inverso: cuando la persona está estresada, ansiosa o deprimida, tiende a comer más alimentos ultraprocesados, como una especie de “automedicación” para calmar ese problema emocional.

Otra posible explicación está asociada con la inflamación en el organismo, que produce la ingesta de grasas saturadas y aditivos muy presentes en los ultraprocesados. Hay evidencias de que una inflamación crónica del cuerpo puede desencadenar trastornos de salud mental. Y esta inflamación también puede deberse a una microbiota poco saludable.

Microbioma intestinal y salud mental

Existe una estrecha conexión entre el intestino y el cerebro. Rodeando el estómago existen neuronas, que se conectan con el cerebro por varias vías, como el nervio vago. Esta conexión opera en ambas direcciones.

Una dieta rica en alimentos ultraprocesados y baja en fibra puede alterar negativamente la composición de la microbiota intestinal. Esto puede estar influyendo en esta conexión nerviosa y, por ello, afectaría la regulación del estado de ánimo y la función cognitiva.

La fibra fomenta la producción de microorganismos buenos. Además, cuando se descompone, se transforma en ácidos grasos de cadena corta, los cuales tienen un rol clave en la función cerebral. Aditivos propios de los AUP como edulcorantes, emulsionantes y otros también afectan a la microbiota.

A su vez, está comprobado que un desequilibrio en la microbiota del intestino puede influir en la síntesis de serotonina, neurotransmisor conocido como la “hormona de la felicidad”. Casi el 90% de esta sustancia se produce en el intestino.

Estos son solo algunos ejemplos de este complejo vínculo estómago-cerebro sobre el cual todavía se sabe poco (más detalles se pueden leer en esta revisión, «Microbiota intestinal y salud»).

Deterioro cognitivo por los ultraprocesados

Los efectos de la comida chatarra en la salud mental también parecen validarse en otro estudio de 2022, y con más de 10 mil participantes, encontró un vínculo entre productos ultraprocesados y deterioro cognitivo (capacidad de aprender, recordar, razonar y resolver problemas). En este caso, el trabajo fue realizado en Brasil, analizó datos por 10 años y se publicó en la revista JAMA Neurology.

Las personas que obtenían más del 20% de sus calorías diarias de ultraprocesados experimentaron un declive general en su capacidad cognitiva un 28% más temprano que el grupo que obtenía menos del 20% de su energía de dichos alimentos. Además, el deterioro de la función ejecutiva se aceleró en un 25% entre aquellos que consumían gran cantidad de ultraprocesados.

Los autores de este estudio tampoco tienen claro a qué se debe esta correlación. Una hipótesis es que el consumo elevado de ultraprocesados causaría eventos isquémicos o pequeños derrames cerebrales que, con el tiempo, podrían comprometer las funciones cognitivas. Su equipo verificará esta idea con imágenes cerebrales de los voluntarios.

Por Lucas Viano @LucasViano
REDACCIÓN PENSAR SALUD
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