Edulcorantes artificiales ¿hacen bien?

Edulcorantes, sobrepeso y diabetes
9 febrero, 2022

Los edulcorantes artificiales aparecieron como una salvación frente al aumento global de casos de obesidad y diabetes. Reemplazan al azúcar común (sacarosa), una sustancia natural que aporta calorías con poco valor nutricional. Además, la dificultad para absorberla es lo que provoca la diabetes tipo 2.

A priori, los edulcorantes artificiales no tendrían estos dos problemas, pero el cuadro es más complejo y los estudios científicos no arrojan un resultado contundente sobre los beneficios de estos ingredientes.

Julio Montero, médico nutricionista y presidente de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (Saota), entiende que el problema de fondo es la necesidad de sentir el sabor dulce, muchas veces, impuesta por la industria alimentaria.

Adicción a lo dulce

“El sabor dulce es un poderoso atractivo que promueve y exagera la ingestión de los productos y por esta razón los edulcorantes son ampliamente utilizados en la cocina, repostería y en la industria de jugos y bebidas. Están invisiblemente incorporados en productos industrializados”, explica.

El experto sostiene que la “adicción por lo dulce”, sea por el agregado de azúcar o edulcorantes en productos ultraprocesados, es lo que está detrás de la pandemia metabólica con aumentos de casos de obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovascular y cánceres.

Montero asegura que la autorización del uso edulcorantes no es útil para reducir la obesidad y la diabetes tipo 2. “Aún no fue demostrado por estudios a largo plazo. Otros incluso están surgiendo que sería mejor no consumirlos”, apunta.

Evidencias científicas sobre los edulcorantes

Una de las revisiones más actuales (noviembre del 2020) y profundas (se analizaron 60 estudios) concluye: “La evidencia respalda el uso de edulcorantes no calóricos en el control del peso”. Mientras más azúcar agregada se reemplace por edulcorantes mejor, según el análisis.

Por el contrario, otro análisis de la literatura científica sobre consumo de edulcorantes en niños encontró que algunos trabajos habían detectado una reducción en la ingesta total de calorías, mientras que otros demostraron que los niños que consumen bebidas sin azúcar terminaban ingiriendo más calorías a través de alimentos sólidos.

Y otra revisión de 2019 sobre más de 40 trabajos sugiere que no hay resultados concluyentes sobre una asociación entre el consumo de edulcorantes artificiales y la diabetes tipo 2. El trabajo sí encontró que, a largo plazo, las personas que consumen edulcorantes igual aumentan de peso.

Otros estudios asociaron el consumo de edulcorantes, en especial en bebidas como gaseosas, con un mayor riesgo de padecer problemas cardíacos e incluso demencia.

Montero es contundente: “La ganancia de grasa se debe a un efecto hormonal, no al efecto de las calorías, que no existen como tal. Por tanto, la relación entre edulcoración y obesidad es atribuida a un ‘fantasma’”.

El consejo más saludable parece claro. Lo mejor es no ingerir azúcar ni edulcorantes. Esto supone limitar el consumo de productos industrializados que los tienen entre sus ingredientes, pero también evitar su uso para endulzar bebidas como el té, café y mate.

¿Los edulcorantes hacen mal a la salud?

Si no está claro que los edulcorantes ayuden a combatir la obesidad y la diabetes tipo 2, ¿pueden tener un efecto nocivo para la salud? En la década de 1970, un estudio en animales concluyó que el consumo de sacarina estaba asociado a una mayor probabilidad de cáncer de vejiga. Pero luego esta aseveración fue descartada.

Montero asegura que los edulcorantes son “adictivos” sobre el sistema nervioso central, lo que lleva a un sobreconsumo de ellos (y de los productos ultraprocesados que lo contienen). También producen cambios en la microbiota intestinal, en la permeabilidad de la barrera intestinal y en la secreción de insulina, señala.

“Deberíamos preguntarnos si es conveniente agregar a la alimentación sustancias que no cumplen ninguna función nutritiva, pero que pueden modificar el funcionamiento del organismo en numerosos niveles”, asegura el médico.

Hay dos tipos de edulcorantes. Algunos se obtienen de la naturaleza, pero nuestro organismo no puede metabolizarlos fácilmente, por lo que obtiene pocas o ninguna caloría. Ejemplos: stevia y la fruta de monje (cero calorías) y los alcoholes xilitol y sorbitol, que aportan escasas calorías.

Y los artificiales, creados en laboratorio. Los más conocidos son la sacarina (E954, según el código de aditivos alimentarios), ciclamato (E952), aspartamo (E951), sucralosa (E955) y acesulfamo-K (E950).

Ingesta diaria recomendada

Estas sustancias tienen una Ingesta Diaria Aceptable (IDA) recomendada. Para la sacarina es de 5 miligramos (mg) diarios por cada kilo de peso de la persona. Stevia, 4 mg; acesulfamo-K, 15 mg; aspartamo, 40 mg; sucralosa, 15mg.

Las gaseosas “cero azúcar” contienen alrededor de 20 miligramos de diferentes edulcorantes cada 100 mililitros. Cada 100 gramos de producto, un yogur light “sin azúcar agregada” suma 7 miligramos de Stevia, 4 miligramos de Acesulfamo K y 3 miligramos de sucralosa.

La IDA se realizó a partir de estudios de toxicidad en diferentes animales a lo largo de su vida. Se determinó el valor máximo de consumo sin efectos adversos. Y a esa cifra se la dividió por 100. Es decir si el valor es de 4.000 miligramos diarios por kilo de peso en los estudios en animales, la IDA se fijó en 40.

“Dado que la IDA se estima considerando el consumo a lo largo de la vida, proporciona un margen de seguridad suficientemente amplio para evitar alarmarse si la ingesta a corto plazo de un individuo supera los niveles de IDA, siempre que la ingesta media a largo plazo no lo haga”, explica en un trabajo Brian Cavagnari, médico de la Escuela de Nutrición de la Universidad Católica Argentina.

Cavagnari asegura que todos los edulcorantes son seguros. “En base a los datos toxicocinéticos, el margen de seguridad establecido por la IDA y considerando el bajo nivel de exposición, tal preocupación con respecto a la seguridad de los edulcorantes parece estar fuera de proporción”, concluye el médico en su trabajo.

Por Lucas Viano @LucasViano
REDACCIÓN PENSAR SALUD
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