Contaminación atmosférica: ¿qué tan limpio es el aire de Argentina?

contaminación atmosférica
11 noviembre, 2021

Muchos argentinos conviven a diario con la contaminación atmosférica. Varias ciudades están lejos de tener aire puro, más aún si tenemos en cuenta la nueva guía de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

¿Por qué es importante controlar esta contaminación? Se calcula que cada año causa 7 millones de muertes prematuras y le resta años de vida a millones de personas en el mundo. El 19 de noviembre se celebra el Día Mundial del Aire Puro.

Varios expertos argentinos coinciden en que el principal problema en Argentina es que no se monitorea este tipo de polución.

“América latina no es una región con buenas redes de medición de la calidad del aire. En Argentina hay pocas ciudades que las tienen: Buenos Aires, Córdoba y Mendoza tienen algunos equipos, pero son escasos y no representan la situación real de la calidad del aire y su impacto en la salud”, asegura Hebe Carreras, investigadora experta en contaminación del Conicet.

Fernanda García Ferreyra, dedicada al monitoreo atmosférico en el Instituto Gulich (Universidad Nacional de Córdoba y Comisión Nacional de Actividades Espaciales), coincide: “Hay muy pocos equipos instalados en Argentina. Algunos están situados en lugares con fuentes fijas de emisión como en las afueras de Dock Sud y La Matanza, por las industrias de la zona, y en Bahía Blanca, para medir las emisiones del puerto y las refinerías. Son muy poco representativas de lo que ocurre en las ciudades”.

Por el contrario, en Chile, donde la polución del aire es un problema muy serio, el monitoreo es mejor. Su capital, Santiago, tiene 10 estaciones, mientras que en Buenos Aires hay 3. En la región de Valparaíso hay 21 puntos.

Smog fino

Además de escasos, algunos equipos de Argentina no miden un indicador clave: el material particulado de 2,5 micrones. Son las partículas más finas que quedan suspendidas en el aire.

“El PM2,5 puede provocar problemas respiratorios, pero también ingresar a la sangre y llegar a los pulmones, generar problemas cardiacos, enfermedades renales y hasta cáncer”, sostiene Carreras.

Las estaciones oficiales de monitoreo en la ciudad de Buenos Aires y en Bahía Blanca no miden este contaminante. Córdoba comenzó a analizarlo desde este año. Recién en 2020 Rosario aprobó una ordenanza para implementar una red de monitoreo, a raíz del impacto que tuvieron los incendios en la zona del Delta del Paraná.

Por su parte, desde el gobierno nacional lanzaron una iniciativa para el monitoreo de este contaminante con equipos móviles que se instalan en bicicletas. Es un proyecto en conjunto con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Los estudios se realizan en Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Tucumán.

https://twitter.com/pnudargentina/status/1424730345849688066?lang=ar

En septiembre de 2021, la OMS actualizó los valores guías de los principales contaminantes del aire. Entre ellos figura el PM2,5. El límite máximo para un día es de 15 microgramos por metro cúbico (mg/m3) y el promedio anual, de 5 mg/m3.

Carreras asegura que desde hace algunos meses existen redes de monitoreo no oficiales que miden PM2,5 en Córdoba, Mendoza, Quilmes (Buenos Aires), Santa Fe y General Pico (La Pampa). “Si sacáramos el promedio anual, estaríamos por debajo del nuevo límite de la OMS. Pero hay muchos días en los que las ciudades argentinas superan por mucho el valor promedio de 24 horas, sobre todo en junio y julio”, asegura.

Impacto en la salud

Según la OMS, casi el 80 % de las muertes relacionadas con el PM2,5 podrían evitarse si los niveles actuales de contaminación del aire se redujeran y equipararan a los propuestos en la última guía.

Un estudio de Carrera encontró una relación directa entre las emisiones y enfermedades respiratorias en la ciudad de Córdoba. Un aumento de 10 mg/m3 de PM10 (particulado de menos de 10 micrones) estaba correlacionado con un incremento del 6% en el riesgo padecer enfermedades en las vías aéreas superiores (bronquiolitis o rinitis) y del 5,8% para el caso de problemas en las vías aéreas inferiores (neumonía).

“El estudio se hizo con PM10, partículas más grandes que el PM2,5, con lo cual el riesgo con la partículas más finas es mayor porque sabemos que son más peligrosas para la salud”, asegura Carreras.

Dióxido de nitrógeno

Otro contaminante que sufrió una reducción significativa en la nueva guía de la OMS es el dióxido de nitrógeno (NO2). Se trata de un gas tóxico emitido por los vehículos. El promedio diario no debe superar los 25 mg/m3, mientras que el anual debe estar por debajo de 10 mg/m3.

Ferreyra cuenta que durante la primera etapa de la pandemia se redujeron los niveles de este contaminante y se acercaron más a lo recomendado por la OMS.

“Fue inmediato desde el momento en que el tránsito disminuyó por la cuarentena. En Buenos Aires la reducción fue de hasta el 50 %. Pero luego volvió a las concentraciones habituales cuando se retomaron las actividades”, explica.

El NO2 es un gas muy oxidante por lo que afecta directamente nuestra capacidad respiratoria. Puede provocar bronquitis, bronquiolitis, pérdida de la capacidad respiratoria y terminar en enfisemas y asma.

Otros gases que deben monitorearse según la guía de la OMS son el ozono, dióxido de azufre y monóxido de carbono.

Con la ayuda de satélites

Según Ferreyra, una de las razones de la falta de redes de monitoreo en Argentina es que son equipos costosos y requieren mantenimiento continuo. “Las mediciones satelitales complementan las mediciones terrestres”, asegura.

Pero aclara: “Es muy difícil inferir cuál es el dato preciso de aire que respiran las personas porque el satélite mide toda la atmósfera, no solo lo que está cerca de la superficie. De todas formas, es posible hacerlo y la OMS lo recomienda”, asegura.

Además, las mediciones satelitales sirven para monitorear cómo circula la contaminación. “Buenos Aires tiene buena ventilación de las emisiones, pero se traslada hacia las afueras, hasta 50 o 100 kilómetros. Aunque a veces eso no sucede”, detalla.

El mayor problema en las ciudades argentinas se da en invierno, cuando ocurre un fenómeno de inversión térmica. El enfriamiento nocturno del suelo urbano hace descender la temperatura del aire próximo que por ser más pesado queda estacionado abajo. Es el famoso smog matutino que desaparece cuando el sol calienta el aire.

Por dónde empezar

Para Ferreyra, el primer paso para controlar la contaminación atmosférica es tener un buen diagnóstico. Evaluar cuáles son las concentraciones en diferentes momentos del día y del año y en diferentes puntos de la ciudad.

Luego hay que evaluar las fuentes de emisiones para saber dónde están las fijas. Planificar bien la ubicación de las zonas industriales para generar el menor impacto posible sobre las zonas residenciales.

“En el caso de los vehículos, hay que promover otros medios con menos emisiones como el transporte público y también controlar sus emisiones. Favorecer el uso de bicicletas, evitar que la gente vaya sola en cada auto y reducir el tránsito en general”, apunta.

Carreras agrega: “La principal fuente de emisiones son los vehículos con motor. Cualquier acción tendiente a disminuir eso va a tener un impacto positivo. Se deberían favorecer las tecnologías limpias para el transporte como el GNC, hidrógeno, electricidad”.

Por Lucas Viano @LucasViano
REDACCIÓN PENSAR SALUD
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