Científicos argentinos contra la pandemia

dos científicos argentinos en laboratorio
9 abril, 2021

Con la pandemia la mayoría de la población mundial se replegó en sus hogares, pero los investigadores de todos los países salieron a redoblar los esfuerzos contra la enfermedad. Entre ellos, estuvieron los científicos argentinos que continúan los pasos de Bernardo Houssay. Investigador Premio Nobel y fundador del Conicet, por cuya fecha de nacimiento se instauró el 10 de abril como Día del Investigador Científico.

Científicos argentinos

La pandemia de COVID-19 trastocó el paisaje humano. El cierre de escuelas, oficinas, negocios, cines y bares obligó a cambiar los comportamientos de estudio, ocio y trabajo. Todo cambió, incluso el funcionamiento de los laboratorios científicos y los hospitales.

Los científicos argentinos estuvieron a la altura de las urgencias sanitarias y tuvieron que alterar planes. Dejaron sus tradicionales proyectos de lado y pusieron sus mentes y sus conocimientos al servicio del nuevo desafío.

“Unidad coronavirus” coordinó distintos laboratorios del CONICET bajo la órbita del Ministerio de Ciencia y que financió 100 proyectos científicos para dar soluciones a los desafíos de la pandemia, tanto en el área de ciencias básicas como sociales

Es el caso de Andrea Gamarnik, quien investigó sobre el virus del dengue durante muchos años. Cuando la pandemia tocó tierra puso su laboratorio de la Fundación Leloir a desarrollar pruebas de detección del nuevo coronavirus.

Algo similar hicieron científicos de la Universidad de Quilmes y de San Martín. Desarrollaron tiras reactivas para hacer diagnóstico rápido de SARS-COV-2. Así, a lo largo de 2020, se produjeron tests para reconocer las huellas del nuevo virus, tanto en el momento de la infección sintomática como cuando deja un rastro de anticuerpos detrás.

Test COVID-Ar

El test COVID-Ar para detectar anticuerpos fue desarrollado por el equipo de Gamarnik en conjunto con un laboratorio privado. Esta innovación permitió testear a grupos de la población en forma masiva. Además, estableció que, al menos, el 14% de los porteños ya se habían infectado en 2020 con el nuevo virus.

Los científicos argentinos de PAIS, liderados por Mariana Viegas, del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, siguen de cerca las mutaciones que se presentan. Algunas aumentan la transmisibilidad y los contagios del coronavirus. Otras podrían ser más letales o dificultar la acción de las vacunas actuales.

“El desarrollo de los kits serológicos fue una experiencia inédita que trazó una nueva forma de trabajo colaborativo. Nos permitió establecer un nexo entre los laboratorios de investigación del CONICET, profesionales de la salud en cientos de hospitales del país, autoridades de salud, entes regulatorios y procesos productivos, hasta llegar a la utilización de los kits en la población. El éxito de este proyecto debe servir de aprendizaje para extrapolarlo a otras problemáticas de enfermedades infecciosas locales”, enfatizó Gamarnik .

El diagnóstico preciso y rápido del nuevo coronavirus –mediante distintos métodos, como la PCR y los tests de antígenos- es fundamental. Sirve para poder aislar a los pacientes en sus domicilios y tomar decisiones de salud pública. Por ejemplo, con las cuarentenas de los viajeros.

A la hora de permitir el turismo o cerrar fronteras resulta determinante la identificación de nuevas mutaciones o cepas del virus, que suelen aparecer en ciertos lugares y transmitirse por avión en menos de 24 horas.

Trabajo en conjunto

Si bien al principio estas identificaciones se realizaban solamente mediante la secuenciación genómica del virus en el Instituto Malbrán, varios laboratorios de distintos hospitales, universidades y el INTA se unieron para analizar las muestras mediante este método.

De la mano de estos científicos argentinos, se desarrollaron respiradores para terapia intensiva y se generó un biobanco que guarda glóbulos blancos de pacientes con COVID-19 con el objetivo de realizar investigaciones fundamentales sobre la respuesta inmunológica.

Científicos argentinos conforman el consorcio PAIS  que detectó a decenas de personas con las variantes surgidas en:

  • Gran Bretaña,
  • Manaos (P.1),
  • Río de Janeiro (P.2) y,
  • California.

Algunas de ellas sin antecedente ninguno de viaje, lo que sugiere que estas variantes ya circulan en la comunidad argentina.

Los científicos argentinos de PAIS, liderados por Mariana Viegas, del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, siguen de cerca las mutaciones que se presentan. Algunas aumentan la transmisibilidad y los contagios del coronavirus. Otras podrían ser más letales o dificultar la acción de las vacunas actuales.

Unidad coronavirus

En un artículo publicado en la revista Nature Immunology , los científicos Gabriel Rabinovich y Jorge Geffner resumieron la creación de la “Unidad Coronavirus”. Una entidad que coordinó distintos laboratorios del CONICET bajo la órbita  del Ministerio de Ciencia y que financió 100 proyectos científicos para dar soluciones a los desafíos de la pandemia, tanto en el área de ciencias básicas como sociales.

De la mano de estos científicos argentinos, se desarrollaron respiradores para terapia intensiva y se generó un biobanco que guarda glóbulos blancos de pacientes con COVID-19 con el objetivo de realizar investigaciones fundamentales sobre la respuesta inmunológica.

En Argentina, hay vacunas en etapas preliminares de investigación.

“Los esfuerzos multicéntricos generaron un fuerte sentido de cooperación y solidaridad”, reflexionaron Rabinovich y Geffner. “Miles de científicos jóvenes, técnicos y estudiantes comenzaron a trabajar juntos en este esfuerzo crítico”.

Transferencia tecnológica

En la Universidad de San Martín (UNSAM), se desarrollaron nanopartículas que pueden actuar como “escudos” para repeler diferentes virus (y también hongos y bacterias) en superficies.

“Primero desarrollamos un recubrimiento antibacteriano que se podía usar en spray en los hospitales”, explica Galo Soler Illia, decano del Instituto de Nanosistemas de la UNSAM. “A partir de la pandemia, probamos que este nanomaterial también funcionaba contra coronavirus, y el INTA lo certificó. Ya escalamos la producción y estamos esperando la aprobación de ANMAT para usarlo para desinfectar el transporte público –por ejemplo, el subte- y paredes de hospitales, entre muchas otras cosas. Formamos una pequeña empresa pero pensamos que en el futuro podría comercializarse también en otras más grandes”, se entusiasma el químico, quien contó con financiamiento del Ministerio de Producción y una empresa nacional de equipamiento hospitalario.

En la UNSAM también se investigaron anticuerpos producidos en caballos, que podrían utilizarse en algunos casos graves de COVID19 para evitar la progresión de la enfermedad severa.

El llamado “suero equino hiperinmune”, financiado por un laboratorio nacional, fue aprobado por ANMAT para tratar a un grupo específico de pacientes internados con COVID-19. El Ministerio de Salud de la Nación estableció reciententemente a quiénes debe administrarse este suero de alto costo.

Barbijos del CONICET

La transferencia de estas tecnologías a empresas permite su uso a gran escala, como ocurre ya con los conocidos “barbijos del CONICET”, que tienen mayor capacidad de protección que los tapabocas de telas comunes y que fueron desarrollados por científicos de la UBA y UNSAM. Estos barbijos hoy cuentan con una segunda versión, con mayor capacidad de filtrado, conocido como “ATOM PROTECT N95”.

“A diferencia de la versión original, los barbijos N95 PLUS presentan un filtro físico más de tela no tejida que incrementa la capacidad filtrante frente a polvos y gotículas.  Adicionalmente, presentan un dispositivo de ajuste maleable para mejorar el cierre sobre la nariz”, apuntaron la física Silvia Goyanes y sus colegas del Conicet.

“Sentimos una gran satisfacción porque con este proyecto se ayudó a proteger a la población y se contribuyó a la concientización en el uso de barbijos en esta pandemia. Se ayudó también a que el sistema científico-tecnológico llegue masivamente a la sociedad. Esto lo vivimos como un ejemplo virtuoso de colaboración entre diferentes instituciones estatales y una empresa, que logró concretar rápidamente un producto necesario en el marco de la pandemia. Consideramos que este desarrollo constituye un ejemplo para que otras PYMEs confíen en nuestro sistema científico-tecnológico para generar productos innovadores”, coincidieron los investigadores y tecnólogos del Conicet en un comunicado a la prensa.

Nuevos tratamientos

Por su parte, muchos médicos argentinos se encuentran investigando distintos tratamientos  contra el coronavirus. Si bien el plasma de personas convalecientes no dio el resultado esperado en pacientes graves (sólo funciona bien si se administra a adultos mayores en estadios muy tempranos de la enfermedad ), hay muchos otros fármacos en ensayos clínicos. Incluso hay anticuerpos monoclonales y vacunas en etapas preliminares de investigación.

“Queda mucho trabajo por delante. La circulación del nuevo coronavirus está en pleno aumento en nuestro país y, si bien comenzó el plan de vacunación, debemos doblar los esfuerzos para evitar los contagios. Seguir rastreando, testeando y aislando en este momento sigue siendo imperativo”, subrayó recientemente Gamarnik.

En este contexto, vale la pena recordar hoy las palabras de Houssay, médico, bioquímico e investigador: “No deseo estatuas, placas, premios, calles o institutos cuando muera. Mi voluntad es que no se haga nada de eso. Mis esperanzas son otras. Deseo que mi país contribuya al adelanto científico y cultural del mundo actual, que tenga artistas, pensadores y científicos que enriquezcan nuestra cultura y cuya obra sea beneficiosa para nuestro país, nuestros compatriotas y la especie humana”.

De eso se trató la actividad de los científicos argentinos durante la pandemia.

REDACCION PENSAR SALUD
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Tags: argentina | ciencia | covid y tecnologia | covid y tests

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