Agua envasada: un riesgo para la salud y un problema para el ambiente

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8 diciembre, 2021

El agua envasada representa un riesgo para la salud que no todos ven. Beber agua embotellada o de dispenser puede parecer un hábito más saludable que tomar el agua de la canilla. Pero está lejos de ser así. Además, esta costumbre afecta el ambiente de diversas maneras.

El 88 % de los argentinos tiene acceso al agua potable. Salvo contadas excepciones este servicio ofrece un recurso perfectamente apto para el consumo humano.

El Código Alimentario Argentino (CAA) no establece diferencias en las características físicas, químicas y microbiológicas entre el agua potable de suministro público y el agua potable envasada (salvo que sea mineral o mineralizada).

Entonces, el agua que sale del bidón del dispenser o la que compramos en botellas con el rótulo “agua de mesa” o “agua potable embotellada” no es mejor que la que sale de la canilla. De hecho las empresas que producen agua envasada muchas veces captan el líquido de la misma red y le realizan un mínimo tratamiento.

Agua envasada impacta en el ambiente

Sin embargo, envasar agua también representa un riesgo para el ambiente. Por dos motivos:

Para producir la botella plástica se requieren hasta 5,3 litros, según algunas estimaciones. Esto ocurre porque está hecha de plástico PET, un derivado del petróleo. La industria utiliza agua para extraer y refinar el combustible, pero también es necesaria en la fabricación de las botellas.

Más del 80 % del costo de la botella de agua se debe al envase, la etiqueta y la distribución, según un trabajo científico estimado para la ciudad de Barcelona. Estos costos pueden evitarse con solo abrir la canilla.

Pero el impacto ambiental no termina cuando tomamos el agua, porque la botella es descartable. Si bien en algunos sitios el plástico se recicla, no es lo más común en Argentina y el mundo.

Y el plástico que no se recicla termina en los ríos, mares, en los estómagos de animales y humanos e, incluso, en el agua que bebemos.

Para el caso del agua de mesa que llega en bidones para abastecer los dispensers, estos costos del envasado se reducen ya que el envase se reutiliza. Sin embargo, esos bidones plásticos y cualquier envase de este material se degradan con el tiempo y durante una exposición prolongada al sol. Así pueden liberar sustancias químicas nocivas al agua que almacenan.

Su vulnerabilidad a la radiación solar varía según la calidad del plástico. El polietileno tereftalato (PET) es más sensible que el polietileno de alta densidad (HDPE) o policarbonato con que se fabrican los bidones reutilizables.

Pero, cuidado, que algunos de estos envases podrían tener bisfenol A (BPA), una sustancia con probados efectos tóxicos para las personas. Además, a mayor calidad del plástico menor es la posibilidad de que pueda reciclarse.

Los riesgos del agua de dispenser

Muchos hogares y oficinas tienen un dispenser frío/calor que se abastece con bidones de agua. Este sistema es más vulnerable a la contaminación con patógenos tanto durante el envasado en la fábrica, como durante el uso.

En Argentina, la alarma se encendió hace una década cuando informe del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) analizó 15 marcas de agua de mesa y encontró que la mitad tenía una carga de bacteria por encima de la normativa.

“Las bacterias aerobias mesófilas  están  directamente  relacionadas con la limpieza de las plantas envasadoras que deberían contar, por lo menos, con un sistema de Buenas Prácticas de Manufactura”, mencionaba el informe.

A pesar de que pasó el tiempo, cada tanto la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) detecta lotes de agua de mesa contaminada.

En 2019, se detectó la bacteria Pseudomona aeruginosa (probado patógeno humano) en una marca fabricada en La Plata. En otros casos, el problema es la presencia de sustancias químicas en niveles altos como bromatos o arsénico, lo cual también representa un peligro para la salud.

Pero los problemas de contaminación también pueden ocurrir en casa. Un experimento realizado por especialistas de la Asociación Profesional de Ingenieros Especialistas de Córdoba determinó que la higiene del dispensar es fundamental para garantizar la calidad del agua. Detectaron bacterias mesófilas y Pseudomona aeruginosa.

“Si bien el agua del bidón cerrado cumple con los parámetros microbiológicos establecidos por CAA, si no se tiene en cuenta la correcta manipulación de bidones y dispenser por parte del usuario, el consumidor no ingerirá un agua inocua”, concluye el informe.

Cómo limpiar el dispenser de agua

El trabajo sugiere un protocolo de manipulación y limpieza del dispenser de agua:

  • Tras retirar el bidón vacío, hay que vaciar el excedente de agua que queda acumulado en el dispenser.
  • Higienizarlo con una esponja nueva, sin productos limpiadores. Luego enjuagar con agua.
  • Llenar el recipiente del dispenser con agua y agregar 15 gotas de lavandina.
  • Dejar actuar ocho minutos y vaciarlo por ambas canilla frío y calor. Enjuagar con agua.
  • Antes de colocar el bidón nuevo se lo debe sanitizar. Para ello hay que rociarlo con alcohol al 70%, en especial, en la zona del pico que apoya en el dispenser.

Cómo asegurarse que el agua de red sea segura

El agua de la canilla también puede bajar su calidad, aunque es improbable que la empresa potabilizadora distribuye un recurso que no sea apto para el consumo. Sin embargo, el consumidor puede estar atentos a tres puntos claves del proceso:

  • La fuente de agua. La calidad del agua potable depende de la fuente desde donde la planta potabilizadora la capta. Puede ser un río, un lago o napas subterráneas. A veces, esta fuente puede sufrir problemas puntuales (presencia de algas, bajante en el caudal que concentra los químicos, etc.) y eso afectar la calidad del recurso que llega a la canilla.
  • El proceso de potabilización. La planta de potabilización puede sufrir percances o estar realizando mal su tarea. Las empresas suelen publicar los análisis que realizan periódicamente y también reciben inspecciones frecuentes de los entes reguladores.
  • El tanque de agua. La limpieza frecuente del tanque de agua es importante para garantizar la calidad del agua.

Cómo limpiar el tanque de agua

Aysa, la empresa que provee agua potable a la Ciudad de Buenos Aires, aconseja que esta tarea se realice cada seis meses. El procedimiento es el siguiente:

  • Cortar el ingreso de agua al tanque y vaciarlo hasta dejar algo de agua para lavarlo y cepillarlo. No hay que usar sustancias químicas solo un cepillo de plástico.
  • Eliminar el agua sucia que queda por la canilla o válvula de desagüe, no por la red de distribución del domicilio.
  • Llenar el tanque a la mitad y agregar un litro de lavandina. Hay que dejar actuar un par de horas. El tanque ya se puede tapar.
  • Abrir todas las canillas de distribución a la vez para que salga el agua clorada y también desinfecte las cañerías.
  • Cerrar las canillas y abrir la llave de paso al tanque para que se llene.
  • Dejar correr el agua por las canillas unos tres minutos, antes de volver a consumir el agua.

Cómo eliminar el gusto a cloro del agua

El principal problema del agua de la canilla y que provoca el rechazo de los usuarios es el olor y sabor a cloro. En la potabilización se agrega esta sustancia para evitar la contaminación durante toda la red de distribución, desde que sale de la planta hasta que llega a nuestra canilla.

Aunque es inocuo para la salud en concentraciones altas (el CAA permite hasta 0,2 miligramos por litro), puede reaccionar con otras sustancias y producir sustancias peligrosas como los trihalometanos que son hepatotóxicos.

No hay soluciones caseras y prácticas para eliminar el cloro antes de consumir el agua. La mejor alternativa es usar carbono activado. Algunas empresas ofrecen la posibilidad de conectar un filtro de este tipo directo en la canilla.

Qué medidas tener en cuenta para llevar agua en una botella

Si necesitamos llevar agua desde casa podemos cargar una botella reutilizable con el agua de la canilla. Para garantizar su higiene debemos implementar algunos cuidados:

  • Renovarla a las 24 horas si está a temperatura ambiente. En la heladera puede conservarse por una semana.
  • El recipiente debe ser lo más hermético posible. Las jarras no son la mejor opción.
  • Higienizar la botella cada vez que se recarga. Cerrarla y lavar con detergente por fuera y enjuagarla. Luego abrir y utilizar un cepillo sin detergente en el interior. Se la puede llenar con agua y unas gotas de lavandina. Luego enjuagar.
  • Las botellas PET no se pueden reutilizar muchas veces para recargarlas porque se degradan y pueden desprender sustancias químicas nocivas para la salud.
REDACCIÓN PENSAR SALUD
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Tags: agua | agua potable | consumo de agua | contaminación | Microplásticos

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