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El sol y la vitamina D: energía, salud y equilibrio

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El sol es fuente de vida. Nos da calor, luz y, aunque a veces lo olvidemos, también salud. La exposición solar controlada permite al cuerpo producir vitamina D, un nutriente esencial que interviene en la formación de huesos fuertes, el fortalecimiento del sistema inmunológico y el equilibrio emocional.
Sin embargo, en tiempos donde pasamos la mayor parte del día bajo techo o frente a pantallas, cada vez más personas presentan déficit de esta vitamina. Y eso tiene consecuencias que van más allá de lo físico.

La vitamina D es conocida como “la vitamina del sol” porque el organismo la produce naturalmente cuando la piel se expone a los rayos UVB. Bastan unos 10 a 15 minutos diarios de exposición solar moderada para activar este proceso. Pero la falta de exposición o el uso inadecuado de protector solar puede reducir su absorción, generando niveles bajos que se asocian con fatiga, debilidad muscular, bajo estado de ánimo e incluso un sistema inmunitario más vulnerable.

💡 ¿Por qué es tan importante la vitamina D?

  • Favorece la absorción del calcio y del fósforo, fundamentales para mantener huesos y dientes fuertes.

  • Contribuye al correcto funcionamiento del sistema inmunológico, ayudando al cuerpo a defenderse de infecciones.

  • Está vinculada al bienestar emocional, ya que regula neurotransmisores relacionados con el ánimo, como la serotonina.

Una deficiencia prolongada puede aumentar el riesgo de osteoporosis, fracturas, enfermedades autoinmunes y alteraciones metabólicas. Por eso, mantener niveles adecuados de vitamina D es un factor clave para la prevención de múltiples enfermedades, especialmente en adultos mayores, personas con poca exposición solar y quienes viven en zonas con menor radiación durante el invierno.

☀️ Solo unos minutos de sol pueden marcar la diferencia.
Salir a caminar, abrir las ventanas para dejar entrar la luz o practicar una actividad al aire libre son formas simples de estimular la producción natural de vitamina D.
Eso sí: siempre con precaución. Evitá las horas de mayor radiación (entre las 10 y las 16), usá protector solar adecuado, mantené una dieta equilibrada y consultá con un profesional si necesitás suplementos.

Los alimentos también juegan un rol importante: el pescado azul (como el salmón o las sardinas), el huevo, los lácteos fortificados y algunos hongos son buenas fuentes complementarias de vitamina D.

El equilibrio es la clave. Ni la exposición excesiva ni la ausencia total de sol son recomendables. Como en casi todo lo que respecta a la salud, se trata de encontrar el punto justo: cuidar sin privarse, disfrutar sin descuidar.

El sol, tomado con respeto y medida, puede ser una herramienta poderosa para el bienestar integral. Nos recuerda que la prevención no siempre está en grandes cambios, sino en los gestos cotidianos que alimentan cuerpo, mente y energía.

En OSPAT acompañamos a nuestros afiliados en cada paso hacia una vida más saludable. Consultá a tu médico a través de Hola Doctor y recordá que cuidarte también es disfrutar del sol con precaución.
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